jueves, 10 de septiembre de 2009

Beneficios al dejar de fumar.


Los beneficios que trae consigo el dejar de fumar son mayores que cualquier síntoma provocado por la abstinencia al tabaco. Por ello es conveniente conocer lo que sucede en su cuerpo al abandonar el tabaco:

1.) Se deja de estar sometido a una adicción.

2.) Mejora la salud, ya que:

  • A los 20 minutos la presión arterial regresa a su nivel normal, lo mismo que la frecuencia cardíaca y la temperatura de pies y manos.
  • Los niveles de monoxido de carbono y oxígeno se normalizan pasadas 8 horas, lo que permite que la respiración sea más profunda y una mejor oxigenación pulmonar.
  • Disminuye el riesgo de muerte súbita tras 24 horas.
  • Pasadas 48 horas se normalizan los sentidos del gusto y del olfato.
  • Se normaliza la función respiratoria tras 72 horas.
  • Aumenta la capacidad física y se cansará menos con cualquier actividad pasados 1 a 3 meses.
  • Mejora el drenaje bronquial y se reduce el riesgo de infecciones pasados 1-9 meses.
  • Se iguala el riesgo de padecer cancer de pulmón al de los no fumadores pasados 5 años sin fumar.
  • Se reducen los catarros y molestias de garganta.
  • Menor probabilidad de padecer cancer.
  • Menor riesgo de trombosis o embolias cerebrales.

3.) Mejora su economía: Con lo que se ahorrará de tabaco podrá darse un capricho.

4.) Mejorará su aspecto físico:

  • Desaparece el mal aliento.
  • Mejorará el olor de su ropa y casa en general.
  • Desaparecerá el color amarillento de manos y uñas.
  • Mejorará la hidratación de su piel, su tersura y tendrá menos arrugas.
Además quisiera adjuntar el link de un video en el que da una explicaión muy clara de los beneficios y otro en el que se explica la relacion entre el cancer que puede provocar el fumar.
Espero que os sirve de inspiración.
Un abrazo

Laura Chisvert
www.psicologosbarcelona-pbc.com


miércoles, 2 de septiembre de 2009

La Depresión: Definición (1/3)

La Organización Mundial de la Salud (O.M.S), a partir de unos estudios realizados en 1988, comunicaba que cerca del 10% de las consultas médicas generales no psiquiátricas, son debidas siempre a una problemática depresiva. Teniendo en cuenta, como dice también el informe de la O.M.S. que el 98% de los casos en los que se supone que hay una vinculación a la problemática depresiva no llega a la consulta, esta es una cifra suficientemente significativa para que la depresión sea un tema de interés a nivel médico general, y no solo ya psiquiátrico o psicopatológico. (M. García, 1986).

Para profundizar en el tema dividiré esta disertación en tres puntos principales:

A) Definición de la Depresión.
B
) Funcionalidad de los estados depresivos.
C) Perspectivas terapéuticas de la vegetoterapia en los estados depresivos.

A) La Depresión: Definición

¿Qué es la depresión? He tomado como referencia inicial dos autores junto a W. Reich.

El primero de ellos, Widlocher, por su actualización en Francia y aquí en España, al publicarse hace poco su libro «Las lógicas de la depresión» (1986). El autor, Psicoanalista Psiquiatra de la Universidad de París, plantea el libro bajo la perspectiva de la investigación de la depresión desde el punto de vista de «Síndrome»: «El Síndrome depresivo se caracteriza por dos elementos fundamentales: Tristeza y lentitud psicomotriz, uno tiene que ir ligado automáticamente al otro». Los síntomas concretos que englobaría, –en cuanto que Síndrome es la clasificación genérica de un montón de síntomas–, serían la apatía, el aburrimiento, la melancolía, la nostalgia del pasado, la negación del presente, el pesimismo en el futuro, la lentitud en los movimientos, pobreza en los gestos, poca comunicación y respuestas breves, y acompañado todo esto de trastornos del sueño, trastornos de la alimentación, tipo anorexia, bulimia, trastornos neurovegetativos y manifestaciones físicas de angustia». (Widlocher, 1986).

La clasificación de este autor hablando del Síndrome Depresivo engloba toda una serie de síntomas que se dan también en otros Síndromes, pero insistiendo en la particularidad de la existencia de dos elementos comunes para que se dé la Depresión, «la tristeza y la lentitud psicomotriz».

El segundo autor es A. Lowen, terapeuta que creó el «análisis bioenergético» y autor del libro «La Depresión y el Cuerpo» (1982) que aporta el punto de vista mantenido en las terapias corporales, (en la cual no nos incluimos, aunque parezca paradójico) hablando de la depresión como del estado de inmovilización personal y de pérdida de energía, perdiendo la fe en uno mismo, el sentirse impotente y cerrado emotivamente. Existiendo siempre como base histórica la pérdida del amor de la madre. (Lowen. 1982).

W. Reich, en sus textos hace referencias muy breves a la Depresión, pero utiliza otros términos sinónimos de ésta en cuanto que la terminología «depresión» en psiquiatría, también ha sido utilizada más actualmente al adjudicar a este término toda una serie de síntomas. Interpretando a Reich, entendería la Depresión como un estado personal consecuencia de la suma de varios factores entre los que estaría la falta de motilidad vegetativa, bloqueo emocional, –esto se corresponde un poco con la idea de Lowen (Lowen estudió un tiempo con Reich)– pero que responde a lógicas funcionales diversas dependiendo de la estructura de carácter del sujeto. En este último punto estaría la diferencia con Lowen, con Widlocher y en general con la visión de la psicopatología. Concretamente, en base a la estructura de carácter que tiene el sujeto, el estado depresivo va a tener una lógica funcional diferente, una etiología diferente y unas características de actuación distintas y es esta hipótesis la que voy a desarrollar a continuación.

Fundamentalmente, en los textos de Reich se puede observar una diferencia básica entre la depresión en las estructuras de carácter y depresión biopática. Esta última en cuanto a concepto que Reich (1948a) define como resignación caracterial no visible a simple vista, es decir, una situación de resignación de base existencial que no tiene porqué manifestarse hacia el exterior. Puede tratarse de personas hiperactivas, Optimistas aparentemente, pero con una base «resignada depresiva». Reich expuso este concepto en su libro «La Biopatía del Cáncer» (1948). En él se expone cómo la resignación es una de las claves para entender el desarrollo de las biopatías.

Esta introducción me sirve como punto de referencia para aclarar ciertos conceptos que son importantes para sentar una definición de la depresión. Empecemos por el término «tristeza». La tristeza no tiene porqué ser sinónimo de depresión, la tristeza es una emoción. Un emoción que puede producirse por factores actuales, y por lo tanto una emoción real. Utilizo el término real refiriéndome a la respuesta que tiene una lógica actual y por tanto es una respuesta sana. Sana, dentro de una lógica funcional Reichiana, es decir, una respuesta natural del organismo ante unos estímulos del medio nocivos o negativos. Así, por ejemplo, una imposibilidad de comunicación satisfactoria, un momento de soledad, una situación de decepción con respecto a una persona, con respecto a un grupo de un equipo de trabajo, con respecto a un compañero/a, problemas laborales, etc., pueden perfectamente generar un estado de tristeza, visto como elemento emotivo. Emoción en el sentido de expresión de una dolencia. La emoción siempre va ligada al movimiento, y el sujeto puede estar triste, pero a fin de cuentas hay una vitalidad, hay un movimiento, porque esa persona, si se dejara llevar por el sentimiento aparecería el llanto al momento aflictivo.

Los fenomenólogos alemanes analizan la depresión vinculada a este estado de tristeza, algo, por otra parte, para ellos normal en esta sociedad. Todos tendríamos, pues, un cierto grado de depresión (tristeza) (Carballo, 84). Yo veo una gran diferencia entre ambos conceptos, como intento demostrar, y si bien la tristeza debe darse en muchos momentos de nuestra vida cotidiana en relación a las carencias del medio que nos rodea, el estado depresivo supone ya, una alteración yoica importante, no natural 1.

Otro concepto importante es el «duelo», término, sobre el que en 1915 Freud escribió un artículo denominado «Duelo y Melancolía»2. En este artículo Freud definió el duelo como el proceso de desenvestimiento libidinal del objeto amoroso; es decir el tiempo que el sujeto tarda en desvestir al objeto de la carga libidinal, de la situación comunicativa afectiva amorosa que desarrolló con él, ante la pérdida de éste. (Freud, 1915). Podríamos definir el duelo actualmente, siguiendo esta perspectiva, como el estado psicofísico también real, que se puede dar ante una situación actual, como consecuencia de la pérdida del ser amado o de una situación vital. El tiempo de duelo es un tiempo que hay que vivir, consecuencia real de algo valioso que ha desaparecido, y responde a una lógica natural. El no ser vivido está reflejando una sintomatología.

Otro concepto que hay que distinguir de la Depresión sería el estado de «abatimiento y fatiga». Este puede producirse por mil motivos: una situación de estrés excesivo, por factores de mediación, por preocupaciones económicas, por un exceso de trabajo, etc., que pueden crear aparentemente un estado depresivo, que no es tal, sino que es simplemente una consecuencia, basada en una situación de confusión, de obnubilación, de malestar, fruto de una situación de estrés que a fin de cuentas también conlleva una transformación bioquímica que puede generar elementos similares a las transformaciones que se observan en estados depresivos, pero siendo dinámicamente diferente. Todos estos conceptos pueden responder a elementos actuales, mientras que el estado depresivo, si bien va a estar siempre influido por el momento actual –no podemos olvidar que Reich insiste siempre en que las circunstancias económicas, amorosas sexuales que vive el sujeto nunca hay que olvidarlas– y puede jugar un papel más o menos importante dependiendo del tipo de estado depresivo, siempre va a existir un componente histórico dentro de la dinámica etiológica de dicho estado, en cuanto que la depresión es, o bien una respuesta de un carácter estructurado en base a una reacción debida a una insatisfacción oral o una inaccesibilidad edípica como veremos después, o bien la consecuencia de un proceso de falta de estructuración caracterial por una carencia de base, por una falta de objeto sexual primitivo en el sentido Reichiano del término.

Por lo tanto, parto de la visión de que el estado depresivo no es un Síndrome, en cuanto que tenga una independencia etiológica una nosología propia y una serie de síntomas clasificativos específicos como afirma Widlocher; ni es algo adialéctico que tenga que estar siempre históricamente condicionado por la carencia o insatisfacción materna, como afirman autores como Lowen, Abraham (1924) que centra la génesis (Carballo, 1984) que confirma la tesis de Bowly de que la depresión es consecuencia de la pérdida del objeto amado (madre o padre según la edad) pero sin valorar el desarrollo posterior y la situación actual del paciente.

Esto significa que, desligando del concepto de depresión los términos ya aclarados, determinados estados depresivos similares pueden esconder una lógica funcional muy diferente en sujetos distintos con una estructura de carácter defensiva diferente, como veremos a continuación y tal como nos muestran incipientemente autores como Reich, Baker, Navarro y como mi propia experiencia clínica dentro de la vegetoterapia me ha confirmado. (X.Serrano)

Un saludo

Laura Chisvert www.psicologosbarcelona-pbc.com

miércoles, 5 de agosto de 2009

Felices vacaciones!!


Querid@s amigas y amigos...

Os deseo que paseis un Feliz Verano...
... momento de descanso, disfrute de los nuestros y encuentro con nosotros mismo... donde poder hacer ese pequeño trabajo de reflexión de todo lo ocurrido este año... y que nos ayuda a crecer un poquito más...
Os lo merecéis!!


Un abrazo muy fuerte


Laura Chisvert

martes, 16 de junio de 2009

"Trastornos sexuales": (Parte 4/4) Terapia de pareja

TRASTORNOS SEXUALES: EVALUACIÓN Y TRATAMIENTO

Una de las conclusiones a las que he llegado en la práctica clínica, es que solamente se puede hablar de trastorno sexual, con una definición y con una identidad clara del término, cuando hay una pareja con la que se está conviviendo y viviendo ese tipo de trastorno.

Trastornos sexuales no son trastornos genitales. Por ejemplo, en el caso de un hombre que no tiene erección cuando le gustaría, no podríamos hablar de un trastorno sexual, pues si fuera así significaría que está viviendo un trastorno en la sexualidad, que va mucho más allá de lo físico. Pero si hay una relación amorosa, en la que se siente bien, su pareja le afecta, hay convivencia, comunicación, deseo, proyectos, etc., y hay una incapacidad de erección al tener relaciones sexuales, evidentemente hay un trastorno de impotencia sexual. En una situación de dispareunia, cuando a la mujer le duele la vagina al tener relaciones sexuales, tendríamos que ver lo que está diciendo el cuerpo con este síntoma. A veces son conflictos de pareja, o síntomas que existían antes de vivir la relación, y que se van cronificando y manteniendo con la pareja actual. Por lo tanto, la evolución de ese conflicto va muy a la par con la resolución de conflictos de pareja.

Imaginemos la falta de deseo, lo que se conoce como falta de libido, tanto en el hombre como en la mujer. En los últimos tiempos es más frecuente la disminución del deseo en el hombre y parecen ser las mujeres las mas dispuestas; curiosamente, muchas parejas que vienen a sesión, lo hacen porque el hombre ha perdido el deseo. Hace 15 o 20 años venían hombres quejándose de que la mujer había perdido el deseo, ahora vienen diciendo que la mujer opina que tiene problemas. Desde la filosofía o la sociología podemos suponer que las dinámicas familiares y los roles han cambiado, y la mujer ha aumentado su identidad femenina y humana; tiene mayor capacidad de expresión y asentamiento de su realidad, agresividad, reivindicación. El hombre, por el contrario, está perdiendo su espacio con lo cual hay una cierta crisis de identidad masculina pues ya no sirve la dinámica machista, el poder se está cuestionando, afortunadamente y el hombre no tiene aún otro modelo de actuación; el miedo a la mujer se está evidenciando más, pues antes se ocultaba con el desprecio, que ya no sirve porque la mujer se defiende, aunque hay quienes continúan en la misma dinámica, por desgracia. El hombre tampoco quiere esa posición pero al no conocer otra, se defiende con un cierto replegamiento de afectos y se oculta, se bloquea, se cierra.

Lo que está claro es que la razón por lo que la persona consulta a un terapeuta viene de la dinámica de pareja y que el trastorno se puede evidenciar y solucionar mucho mejor allí. También es cierto que a veces se detecta un conflicto sexual individual vinculado a procesos propios, por ejemplo a la culpabilidad sexual, a un sadismo encubierto muy fuerte hacia el hombre o hacia la mujer, a una situación neuromuscular de bloqueo pélvico que impide una apertura, un vaginismo extremo en la mujer, o una eyaculación precoz en el hombre, que muchas veces tiene que ver con una contención del sadismo.

Por esto, generalmente los conflictos sexuales se resuelven trabajando a la par en terapia individual y en terapia de pareja, con terapeutas distintos. El terapeuta de pareja tiene una relación específica con su paciente, y hay otro terapeuta que observa la dinámica de pareja, trabajando así en equipo. Es el diagnóstico el que nos indica cuándo el conflicto sexual tiene que ver específicamente con una experiencia individual traumática, de abusos sexuales, infantiles, de una relación con la madre particular, de una represión sexual muy grande, etc., que solamente se puede resolver en terapia individual, o cuando se debe a un conflicto de pareja porque hay una rutinización, un camuflaje de pulsiones, en que se evita la sexualidad, porque si se viviera, se viviría también el afecto, la comunicación y aspectos que se quieren evitar, reprimiendo el deseo y apartándose.

La asistencia terapéutica, a partir del diagnóstico estructural, nos va a dar la pista de si estos trastornos tienen que tratarse individualmente, por ejemplo en Psicoterapia Breve, o si exige algo más, porque los trastornos sexuales a veces están hablando de conflictos de personalidad importantes, serios, que exigen tratamiento global, trascendiendo el síntoma, pues la sexualidad es muchas veces la consecuencia de problemáticas psicosomáticas específicas. Entonces, se irá definiendo la necesidad de un trabajo de pareja, o el trabajo compartido de terapia individual y de pareja.

(X.Serrano)


Un saludo

Laura Chisvert

jueves, 21 de mayo de 2009

Terapia de Pareja (Parte 3/4) "Riesgos conyugales"

RIESGOS DE LAS ESTRUCTURAS DE PAREJA

Podríamos hablar de un tipo de pareja con un funcionamiento expansivo, es decir, dos personas con una confluencia y una relación amorosa, independencia y realidad propias, que participan, comunican al otro las relaciones individuales, que crecen juntos, y al mismo tiempo tienen proyectos comunes en los que participan abiertamente respetando las diferencias, con deseo sexual, comunicación, manejo de pulsiones basados en el respeto y la tolerancia, es decir, la suma de los elementos positivos de las tres parejas que acabamos de describir. Hacia la salud se tiende conociendo la patología, los límites, y aceptando la realidad, porque hay que partir de lo que hay, sin pretender partir de un ideal, lo cual es muy peligroso. Trabajamos en la prevención de los sistemas familiares para que los hijos, que son los que primero están en la periferia, tengan una atención suficiente, afectos y emocionalidad adecuados, porque así el día de mañana, cuando estén en el núcleo actuarán de una forma más abierta y amorosa.

Simbiótica

Junto a la aparente ventaja que tiene la situación simbiótica fagocitante, en la que hay una sensación de gran contacto y comunicación, y donde el uno es para el otro total, el gran riesgo que se produce es que esa simbiosis esté basada en el dominio. Es la relación de tipo sadomasoquista que se da en algunas parejas en las que se llegan a producir los malos tratos, la violencia doméstica, la sensación de completa nulidad de uno de los dos miembros. La relación amorosa se convierte en una relación de poder donde, sobretodo la mujer, vive un nivel de sufrimiento, soledad y dependencia, sometida por el hombre, y sin embargo constantemente lo justifica y mantiene la estabilidad de esa situación. Es decir, se hace cómplice porque es mayor la necesidad que tiene de su contacto y de la permanencia con él, que todo el daño que sufre. Son personas que han perdido, o les han secuestrado el alma, porque participan ocultando la realidad de esta violencia.

Generalmente uno de los dos, que suele ser el hombre, niega que haya un conflicto y piensa que todo se debe al estrés, al trabajo, o a la presión, y además tiene el arte de convencer y, automáticamente, de calmar la ansiedad apaciguando la sensación de cuestionamiento que temporalmente esa mujer se plantea. Por eso es tan difícil que ella salga de ese secuestro, porque se crea el síndrome de Estocolmo, es decir, participa, avala y defiende al secuestrador, se hace cómplice de él porque ha creado una situación simbiótica, ha perdido su identidad y la ha transformado en identidad de la pareja. No es nada si no está con él, no hay nadie más en el mundo que él. Eso significa que ha habido un proceso de alteración perceptiva, cognitiva, emocional e individual previamente pero que curiosamente se produce a partir de la creación del sistema de pareja. Algo les ocurre a esas personas que dentro del sistema de pareja, “enloquecen” y entran en la sensación de ceguera y dependencia mutua completa.

Recordemos que en la pareja se reproducen roles, dinámicas pulsionales, de comunicación, que están condicionadas por el sistema familiar vivido con antelación, incluso, no ya solo por el sistema familiar, sino por algo más irracional, inconsciente arcaico que son los condicionantes vinculados al primer sistema de pareja: la diada con la madre, pareja funcional simbiótica muy fuerte. Lo acontecido con esta relación influye en el sentir después a las parejas posteriores; de hecho, podemos partir de la base de que precisamente las parejas simbióticas no perciben al otro o la otra como alguien real, sino que viven la imagen idealizada de la madre. A quien buscan, con quien quieren estar, con quien sienten que están, con quien viven la compensación cotidiana de aquello que no han tenido, es con esa madre, y experimentan el anhelo, la nostalgia de ese pecho perdido, de ese contacto no tenido, de ese calor, de esa sensación de afecto, de fusión, de piel. Entonces alguien pasa a ser la imagen de esa figura y automáticamente es secuestrada por ese atrapamiento energético que convierte a las personas actuales de la pareja en una reproducción de la diada madre-bebé, donde uno hace de madre. Esa necesidad es tan grande que cualquiera que representa esto, automática e inconscientemente se ve atrapado, pues partimos de la base -antes de Freud ya existía el concepto de inconsciente- que no solo nuestra voluntad es dueña de la realidad. Más allá de nuestros actos y de nuestras acciones volitivas existe un condicionante del inconsciente, que es la suma de insatisfacciones, frustraciones, heridas, huellas y cicatrices, que no acaban de cerrarse, vividas en momentos históricos donde nuestra necesidad de afecto es muy grande y que se dan dentro del sistema familiar, tomando en cuenta que primero estamos en la periferia de un sistema y luego pasamos a ser núcleo de la pareja. En el caso de este sistema familiar, en el cual los hijos se pierden por falta de contacto con el núcleo, en el momento en que alguien entra en contacto con ellos se fagocitan. A partir de ahí se puede crear esa pareja tan particular, o también la típica pareja adaptativa, que conocemos más frecuente.

Nuclear

La relación de convivencia se convierte en una relación de intercambio de intereses, se rutiniza la vida, los años van pasando alrededor de alguien a quien no deja y tampoco crea otro sistema por intereses vinculados a ideologías, economías, pulsiones. A veces son pactos verbalizados, no necesariamente es una dinámica hipócrita o cínica. Hay pulsiones muy particulares que les mantienen pero donde no hay contacto, comunicación ni proyecto; hay soledad, rutina, monotonía y vacío compartido que es lo que caracteriza a este tipo de pareja. Otro riesgo es que va creando existencialmente una sensación de descenso fuerte de autoestima y va corroyendo la identidad individual; aparte de eso, pasan los años y esos intereses que estaban manteniendo la dinámica del sistema empiezan a no ser tan palpables ni tan necesarios, o empiezan a ser más necesarios otros porque la edad también modifica la percepción y va creando cambios existenciales, por lo que las necesidades van cambiando.

Llegan a la consulta con la sensación de no saber qué pasa, no estar a gusto, pelear mucho, no estar juntos, discursos que constantemente estamos escuchando; sin embargo, cuando entran en contacto con la realidad del tiempo se dan cuenta que el conflicto viene de veinte o quince años atrás y que ya no tienen las posibilidades que hubieran tenido de crear un nuevo sistema; el pánico consigue que vuelvan a cerrarse y a seguir su vida intentando que no pase nada, es decir, no solo no quieren plantearse el cambio, sino que ni siquiera aceptan que se les nombre el fantasma de la separación. Por ese miedo no cambian su relación, pues significaría mirar al otro, la realidad de la pareja y del sistema, y si lo miran muy de cerca puede pasar que esa realidad sea irreversible porque con ese tiempo rutinario, de vacío, se ha perdido -si lo ha habido una vez- el elemento inicial que vincula a dos personas, que es el impulso amoroso. Entonces el enamoramiento pasa a ser otra fantasía, pues ha desaparecido completamente, máxime cuando por el camino ha existido algún encuentro con otra persona en el que han podido recordar lo que es estar enamorado, aunque sean dos días, pero saben que con quien están ya no existe esa posibilidad. Recordemos que la sexualidad es un espacio íntimo, no social: hay deseos y se elige cómo satisfacerlos, y una de las funciones de la pareja es ésta, por lo cual, el compartir la sexualidad fuera de la pareja significa socializar una función intimista, y esto está indicando que a nivel de núcleo hay una cierta insatisfacción o falta de identidad .

A pesar de todo, los miembros de la pareja nuclear permanecen, y cada vez es más difícil plantearse la crisis y el contacto con la realidad. Para mantener esa situación de vacío, de convivencia en la rutinización, es necesario que las estructuras individuales tiendan a la evitación del contacto con la realidad, pues si no fuera así, sería imposible mantener esta situación. Tienden a estar más en lo social, en la actividad, que en las dinámicas y necesidades internas, vitales y emocionales. Esto se proyecta al otro y lo que es un funcionamiento individual pasa a ser un funcionamiento de pareja. Con el tiempo esos intereses van creando un sistema muy rígido que a su vez va haciendo perder posibilidades individuales y el planteamiento de la crisis es mayor y más complicado. Por eso las rupturas que se crean aquí pueden darse, no por la terapia, en donde es difícil que haya una resolución, sino cuando se introduce un tercero, es decir, cuando la nueva persona tiene más posibilidades de combinar intereses que con la pareja actual. Automáticamente y de forma visceral, brusca y rápida plantea la separación y la otra persona se queda en blanco. En el fondo no hay una separación sino una modificación del sistema, es decir, se deja a uno para seguir en la misma dinámica con otro, solo que puede ser más interesante, por lo que tenga de más o de menos. En el fondo, se justifican las cosas para no sufrirlas.

Adaptativa

El riesgo de la pareja adaptativa es que continuamente está en conflicto, porque tiene un nivel de comunicación en el que hay pulsiones, deseo, tareas compartidas y proyectos. En mayor o menor medida están todos los elementos que conforman una pareja y hay también una relación amorosa, pero hay estructuras con caracteres diferentes donde se proyectan automáticamente las patologías, las neurosis y cada uno tiene su propia coraza, su propia estructura y su propio fuero interno, consecuente a su vez con la historia vivida que cada cual ha ido integrando.

Los sistemas sociales suelen ser “espacios basura” y los “basureros principales” son los sistemas donde la posibilidad de castigo ante el conflicto, de punición o consecuencias graves ante la expresión o ante la descarga es menor. Por ejemplo, el trabajo puede ser un basurero clandestino en el que se descargan indirectamente las pulsiones y el sistema familiar es, generalmente, el que recoge el monto de basura que las personas no pueden descargar completamente allí. La descarga entonces se da mediante el conflicto y la sexualidad y así se va manteniendo el sistema. Son parejas que conviven en ese ambiente porque tienen un carácter que les lleva a tener una mayor expresión, a no conformarse con la sensación de vacío, no pueden acostumbrarse a no mantener comunicación, pero no saben tampoco cómo hacer para manejar esto porque va más allá de ellos y por mucho que se den cuenta, no pueden hacerlo. Entonces van cerrándose y creando una dinámica de incomunicación, se van aislando, dejando de participar y va dejando de haber una expresión del mundo interno de cada uno. Esa emergencia de pulsiones puede ir a más, sobretodo mediante la agresividad, aumentando también la posibilidad de salgan fuera, hacia los hijos, los conflictos con los amigos, con el trabajo, etc. Puede haber también una dispersión del deseo que empieza a difuminarse, con lo cual la insatisfacción y la agresividad aumentan y, por tanto, la crisis y el conflicto también, vinculados a veces a la incompatibilidad de proyectos: están juntos y sienten que no hay una continuidad, sino incompatibilidad de proyectos, y eso repercute en todo lo demás.

Si estas parejas acuden a un espacio terapéutico, tienen un pronóstico más interesante que las otras. El problema es que piensan que solos pueden resolver este tipo de problemas, pero lo cierto es que cuando un sistema entra en crisis y ésta es progresiva y permanente, es común que aparezcan más defensas. Las personas se apoyan en el narcisismo y piensan que lo que dicen, piensan y ven es lo adecuado porque la autoestima o el yo está por encima del yo del otro. Entonces es cuando tiene sentido que haya un tercero(a), que puede estar en el espacio de asistencia en los conflictos de pareja, en la terapia de pareja, en la psicoterapia, etc.

Si no pasa mucho tiempo, la conciencia de la crisis puede ser interesante porque facilita la conciencia de aquellos aspectos que no tienen que ver con la realidad presente de su convivencia, ni con la realidad de las particularidades de cada uno sino que son características que confluyen en ellos, condicionantes con un cierto predominio de las historias pasadas, vividas en sus familias históricas, como ya he descrito en la pareja simbiótica.

Entonces, a la canalización de pulsiones y frustraciones de lo cotidiano se suma el estrés consecuencia del elemento inconsciente histórico, que se descarga sobre la persona con la que se vive y se desplaza a ella. La pareja pasa a ser la figura donde se reproducen muchos de los aspectos de los roles históricos, familiares, y como consecuencia de esto, pasan cosas que no entendemos si no es desde la óptica de lo inconsciente, que solo podemos ver en un espacio donde se maneje esa dinámica, donde se traduzca ese lenguaje del inconsciente que es el espacio terapéutico. Si conseguimos entender cuáles son los elementos que confluyen en la cotidianidad de la pareja y que no forman parte de lo actual, a través de la asistencia a la pareja, muchas veces las dos personas empiezan a entenderse mejor porque conocen más de su inconsciente y lo interesante es que se empiezan a conocer más el uno al otro, tanto en lo cotidiano, como en aquellos aspectos que ni siquiera ellos mismos conocían, pero que al otro no le son del todo ajenos, porque, sabemos que es mucho más fácil ver la conducta y el conflicto del otro que verse a uno mismo. Precisamente el espejo es el espacio terapéutico, y empiezan a darse cuenta de que hay ciertas dinámicas que afectan la pareja y que provocan esos tipos de conflictos y de crisis.

En algunos casos, aún cuando se haya perdido el deseo, puede seguir habiendo bienestar, comunicación, complicidad, desarrollo y crecimiento común, y es ahí cuando se plantea si ese deseo perdido se debe a algún aspecto que no se controla. De hecho, muchas veces la pareja recupera el deseo perdido, porque puede tener que ver con un problema de comunicación o de evitación de pulsiones, que la pareja se ha ido inhibiendo y reprimiendo.

La separación es el último recurso, aunque afortunadamente tenemos siempre la posibilidad de morir. Antes de eso se intenta permanecer, no por masoquismo sino porque puede ser parte del proceso de crecimiento, pero lo que cuenta es la cotidianidad, y lo que está claro es que por el miedo a perder se muere, impidiendo y privando la posibilidad de que los dos encuentren un camino más satisfactorio. En última instancia puede ocurrir que esos conflictos que se ven más claros en el espacio terapéutico sean irresolubles, pues realmente hay una distancia, una diferencia, y una sensación de insatisfacción irreversible. En este caso se asume la temporalidad de la relación, una separación amical -en comparación con las separaciones tan destructivas, que a menudo se viven como un eje de descarga- con todas las consecuencias que pueda tener para los hijos y las hijas. Sea cual sea la consecuencia, al decidir enfrentar el conflicto, la crisis y la separación se pueden ver positivamente, como un proceso de crecimiento y desarrollo de la individualidad, y en algunos casos, como hemos visto, en el propio desarrollo del sistema. Entonces la terapia de familia y, en este caso de pareja, es también un espacio de prevención de las dinámicas de aquellos que más indefensos están, que son los hijos y las hijas, porque todo lo que pasa en el núcleo está repercutiendo en ellos. (X.Serrano)

Saludos

Laura Chisvert

lunes, 11 de mayo de 2009

Terapia de Pareja (Parte 2/4): "Conflictos de Pareja"

CONFLICTOS DE PAREJA

En general, los conflictos y las crisis en las parejas se pueden introducir en los siguientes cuatro apartados:

  • Un problema crucial y básico, es el de la comunicación
  • El manejo de las pulsiones. El convivir con la agresividad, la timidez, las vergüenzas, los conflictos de autoridad de cada uno.
  • Conflicto de deseo. La sexualidad es una pulsión, pero el deseo es un capítulo diferente en los conflictos de pareja.
  • Conflictos vinculados a las tareas de lo cotidiano, a la compatibilidad de caracteres y a los proyectos, comunes o individuales.

Sin embargo, no todas las parejas son iguales. Con la visión del diagnóstico estructural(DIDE), desde el que partimos para hacer las evaluaciones, tanto individuales como de sistemas, podríamos hablar de tres tipos de pareja con ciertas diferencias básicas, especialmente en lo que se refiere al núcleo. El núcleo de un sistema está en la base estructural y ésta es la suma de los dos individuos que la crean, partiendo de que lo que aproxima a esas dos personas es la relación, el impulso amoroso, aunque lo que mantiene esta convivencia sean otros aspectos porque se ponen en marcha mecanismos patógenos como consecuencia de la propia ontología del núcleo y de los individuos que forman la pareja.

Tipos de Pareja

PAREJA SIMBIÓTICA

En esta unión y convivencia las dos estructuras individuales se van fagocitando de manera que se pierde la identidad individual, existiendo y permaneciendo solamente la del sistema. Hay una gran dependencia de una persona con la otra; prácticamente todo lo que hace uno tiene que pasar por el beneplácito del otro y viceversa; la sensación de soledad es insoportable, no se toleran espacios vacíos, y la responsabilidad pasa a ser prácticamente compartida del todo. Por tanto llevan la dinámica cotidiana de una manera muy compartida, muy común y prácticamente son uno. Estas parejas pueden ser eternas, se acaban cuando la estructura de uno de los miembros muere, se enferma o tiene algún problema. De hecho viven conflictos muy fuertes en los duelos pues la persona que queda viva no puede soportar el dolor de la pérdida porque el proceso simbiótico hace que prácticamente el alma sea compartida. Hay un alma y dos cuerpos.

Llegan a consulta en situaciones de duelo o en las que aparece una crisis generalmente causada por factores externos, por los satélites que forman el sistema familiar, como puede ser algún problema de los hijos. En situación extrema cuando alguno de los dos fallece o desaparece, o porque plantea el divorcio, debido generalmente a que aparece una tercera persona más fagocitante todavía que la anterior. En este tipo de personas existen más conflictos de familia que de pareja porque al existir un núcleo tan simbiótico todo lo que hay alrededor se pierde y esto incluye a los hijos, pues no entran en el núcleo, no hay un sistema compartido. El riesgo de conflictos importantes de los hijos se debe a que no se crea un vínculo ni hay interacción, y no tienen energía o disposición para romper esta dinámica.


PAREJA NUCLEAR

Si en la pareja simbiótica veíamos un núcleo aquí vemos dos en el que cada uno lleva una dinámica particular, o bien con los hijos, o bien con la vida social, siempre muy amplia. Es la pareja que cohabita pero en la que no hay contacto; se pierde -si es que se tuvo alguna vez- el “estar con”, la sensación de complicidad, de enamoramiento, de participación, pero se sigue coexistiendo y podríamos decir que cada uno lleva vidas paralelas conviviendo dentro del sistema; surgen conflictos de comunicación, pulsiones, deseo, o proyectos, pero tienen mucho empeño en dar la imagen de que todo va bien. Entrar en contacto con su disociación les llevaría a la crisis inmediata, entonces intentan mantener el sistema familiar a toda costa apoyándose en él y convirtiéndolo en un objetivo de logro: la educación de los hijos, los objetivos sociales, el bienestar, etc. Para cubrir las necesidades del sistema y al tiempo las de las estructuras individuales, se mantienen esas dobles vidas. Ahí entran los/as amantes, las distracciones, los proyectos con otras personas y se vive una coexistencia sin núcleo, creándose pequeños subsistemas dentro del sistema familiar, como son las complicidades y simpatías entre los miembros.

   

PAREJA ADAPTATIVA

Estas parejas son más concientes de las crisis, porque tienen una identidad individual y conciencia de sí mismos, pero también desean una identidad de pareja. Sienten necesidad de vivir el deseo con su compañero, la comunicación, las pulsiones, la vida cotidiana. Es decir, hay una elección. Como son las que más entran en contacto con el conflicto, también entran más en crisis, aunque esto no significa que sean las parejas más críticas -porque conflictos tienen todas- pero este es el más vistoso y también el que más aparece en terapia.

La comunicación en este tipo de pareja está vinculada a lo emocional y muchas veces se relaciona con momentos de agresividad, insatisfacción y queja. Esto no es negativo ni positivo, sino una situación que a su vez nos está mostrando la realidad social que vivimos. (X.Serrano)


Saludos

Laura Chisvert

domingo, 26 de abril de 2009

La Psicoterapia Breve Caracteroanalítica (PBC)

La Psicoterapia Breve Caracteroanalítica (PBC) es una sistemática clínica elaborada por Xavier Serrano, (director y cofundador de la Es.Te.R, psicólogo, terapeuta y trainer clínico), en colaboración con otros colegas, que obtiene su matriz de la Vegetoterapia Caracteroanalítica desarrollada por el neuropsiquiatra Wilhelm Reich.

La PBC consiste en un número limitado de sesiones, en base al diagnostico, donde se trata de comprender la génesis de los conflictos psicoafectivos en la vida actual del individuo. Con la terapia se buscará conseguir los cambios indispensables para restablecer el estado de equilibrio y bienestar de la persona.

La PBC tiene como objetivo recuperar el funcionalismo de ser humano, su autogestión, la toma de conciencia con la realidad que vive.

Esta práctica permite a la persona, cambiar el modo de relacionarse y valorar el mundo, por una visión y una capacidad de sentir más natural y funcional, es decir ÓPTIMA. Esto va llegando con un desarrollo gradual y la ruptura de los bloqueos energéticos y corporales que sufrimos y que constituyen la coraza de nuestro carácter. Al encontrarnos con conflictos anclados en nuestro cuerpo, detectarlos y trabajarlos llegaremos a la liberación de los mismos y a la regulación de nuestro YO. Además de reparar esos daños causados a lo largo de nuestra vida también podemos prevenir futuros conflictos.

La PBC:

  • Se encuadra dentro de las llamadas psicoterapias corporales
  • Integra aspectos analíticos psicodinámicos y cognitivos-conductuales con:
    • técnicas psicocorporales (respiratorias y neuromusculares)
    • dinámicas analíticas clásicas (relación terapéutica, verbalización, libre asociación, etc.)
  • El focus de trabajo, será el rasgo de carácter mermado por factores de distrés, que desequilibra la estructura defensiva de la persona, provocando sufrimiento y sintomatología.
  • Tiene muchos puntos comunes con otras psicoterapias breves; en particular con el modelo de orientación psicoanalítica y con el sistémico, en cuanto que también se aplica en el abordaje de conflictos de pareja y de familia, además del individual
Saludos
Laura Chisvert