domingo, 26 de abril de 2009

La Psicoterapia Breve Caracteroanalítica (PBC)

La Psicoterapia Breve Caracteroanalítica (PBC) es una sistemática clínica elaborada por Xavier Serrano, (director y cofundador de la Es.Te.R, psicólogo, terapeuta y trainer clínico), en colaboración con otros colegas, que obtiene su matriz de la Vegetoterapia Caracteroanalítica desarrollada por el neuropsiquiatra Wilhelm Reich.

La PBC consiste en un número limitado de sesiones, en base al diagnostico, donde se trata de comprender la génesis de los conflictos psicoafectivos en la vida actual del individuo. Con la terapia se buscará conseguir los cambios indispensables para restablecer el estado de equilibrio y bienestar de la persona.

La PBC tiene como objetivo recuperar el funcionalismo de ser humano, su autogestión, la toma de conciencia con la realidad que vive.

Esta práctica permite a la persona, cambiar el modo de relacionarse y valorar el mundo, por una visión y una capacidad de sentir más natural y funcional, es decir ÓPTIMA. Esto va llegando con un desarrollo gradual y la ruptura de los bloqueos energéticos y corporales que sufrimos y que constituyen la coraza de nuestro carácter. Al encontrarnos con conflictos anclados en nuestro cuerpo, detectarlos y trabajarlos llegaremos a la liberación de los mismos y a la regulación de nuestro YO. Además de reparar esos daños causados a lo largo de nuestra vida también podemos prevenir futuros conflictos.

La PBC:

  • Se encuadra dentro de las llamadas psicoterapias corporales
  • Integra aspectos analíticos psicodinámicos y cognitivos-conductuales con:
    • técnicas psicocorporales (respiratorias y neuromusculares)
    • dinámicas analíticas clásicas (relación terapéutica, verbalización, libre asociación, etc.)
  • El focus de trabajo, será el rasgo de carácter mermado por factores de distrés, que desequilibra la estructura defensiva de la persona, provocando sufrimiento y sintomatología.
  • Tiene muchos puntos comunes con otras psicoterapias breves; en particular con el modelo de orientación psicoanalítica y con el sistémico, en cuanto que también se aplica en el abordaje de conflictos de pareja y de familia, además del individual
Saludos
Laura Chisvert

jueves, 23 de abril de 2009

Terapia de Pareja (Parte 1/4)

Cuando dos personas que llevan un tiempo de relación preferentemente de coexistencia, cohabitación y convivencia, mantienen un lazo amoroso y un proyecto común, constituyen una pareja. Estas personas, independientemente de la opción sexual (homo-hetero) que hayan elegido, desarrollan un sistema que va creando sus propias leyes independientes y paralelas a las leyes de funcionamiento de la estructura individual y tienen, por tanto, una dinámica particular con tiempos de relación afín, que van creando una identidad común, además de la individual ya existente. Estos son los aspectos que permiten conocer si hay bases reales en la relación, pues el antes, el durante y el después de la convivencia son momentos diferentes.

Partiendo de estos conceptos, encontramos dos tipos de pareja: la “pareja soltera” y la pareja familiar. En la pareja soltera están las personas que cohabitan en ese sistema. La pareja familiar se forma cuando se crea una familia, que es uno de los objetivos en el proceso de desarrollo de algunas parejas, por lo cual, sigue habiendo una relación de dos, y a su alrededor van habiendo satélites, interferencias con otros sistemas, que son los niños y las niñas de esa familia.

El sistema de la pareja soltera es diferente al de la pareja con familia. Es frecuente que los conflictos de pareja aumenten en una proporción muy elevada a partir de tener el primer o segundo hijo. Se habla de que este momento es la prueba de fuego, aunque antiguamente recomendaban -y aún algunos psiquiatras lo hacen- que las parejas en conflicto tuvieran algún hijo que otro. Así no habría tiempo para entrar en contacto con el conflicto, pero esta no es una solución, al contrario, es pasar el conflicto a tres o a cuatro.

Lo cierto es que es una prueba de fuego para la relación de pareja porque la atención que exige el cuidado de un niño o de una niña, con una atención mínima, en un sistema social como este que da muy poca o ninguna facilidad para la crianza de los hijos, permite que se destapen más los conflictos que pueden estar latentes en la pareja como son los que están vinculados a la comunicación, a disidencia en tareas cotidianas, al deseo y a la sexualidad, por lo cual, el riesgo de una crisis más aguda es mayor en cuando empiezan a plantearse los hijos.

También es cierto que durante un tiempo las parejas con hijos están distraídas, así que, en principio, pueden apaciguarse los conflictos porque se supone que están teniendo un objetivo común. Muchas parejas frenan su sensación de crisis porque empiezan a tener esa sensación de identidad colectiva y se fortalece una cierta identidad familiar; entonces de pronto los conflictos de pareja se diluyen pues hay unos focos de primera necesidad que atender que son los niños. Pero ocurre que con el tiempo uno y otro recuerda que es algo más que padre o madre y se da cuenta que la relación de pareja se ha diluido.

Es interesante ver que muchas parejas llegan a terapia cuando se agudiza la crisis, cuando al cabo de un tiempo la distracción de los niños ya no sirve porque la identidad de pareja vuelve a retomarse antes o después. Ya no hay que cambiar pañales, dar el pecho, estar pendiente de si se cae o no se cae, y de pronto las dos personas se miran una a la otra de frente y se dan cuenta que están juntos todavía, de que el otro está ahí, durmiendo a su lado, y sienten el contacto después del tiempo de distracción.

Una pareja soltera que tiene esa identidad más a flor de piel tiene más tiempo, pero cuando se crea un sistema familiar hay tres identidades: la individual, la de pareja y la identidad como familia. Hay que tomar en cuenta que la identidad familiar es más temporal que la de pareja, porque, teóricamente, acaba cuando los niños ya tienen independencia. En la identidad de pareja el tiempo está determinado por lo que dure esa relación amorosa y por lo que las dos personas se planteen; entonces, en principio, el tiempo objetivo va acorde con la longevidad de cada sistema. (X.Serrano)

Saludos

Laura Chisvert

martes, 14 de abril de 2009

Declaración del llanto de los bebes... Un regalo que os hago...

Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:

Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo. 

El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en sucontinuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.

El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra "El Concepto del Continuum", el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.

 

La verdad es obvia, sencilla y evidente.

El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.

Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.

Los padres, que hemos sido educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y de que hay que dejarles llorar para que se acostumbren y que, por ello, estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la administración de la tortura, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y a nosotros mismos, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.

Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.

En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.

Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.

A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.

También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.

No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna. Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez www.primal.es).

Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro "Duérmete Niño" (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.

Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión. (Michel Odent)

Para más información, te recomiendo los siguientes libros:

  • Bésame mucho, Carlos González, Ed. Temas de Hoy
  • El Concepto del continuum (En busca del bienestar perdido), Jean Liedloff, Ed. Obstare
  • El bebé es un mamífero, Michel Odent, Ed. Mandala

sábado, 11 de abril de 2009

Mi trayectoria...

Bienvenid@s a mi Blog de Psicología.
Con la creación de este espacio quisiera ofrecer ayuda terapéutica a aquellas personas que desean disminuir el sufrimiento, resolver conflictos y aumentar el bienestar y armonia de sus vidas.

Mi trayectoria academíca y profesional ha oscilado entre dos áreas de la Psicología:
Por un lado, la Psicología de empresa, donde he ejercido como Coach ejecutiva de cargos directivos ayudándoles a conseguir el éxito personal y profesional, después de realizar un postgrado y varios seminariios especialidaos en Coaching como herramienta de Recursos Humanos.

Por otro lado, lPsicología Clínica, la cual me apasiona... y a la que voy a dedicar este Blog.
Decidí ampliar mis conocimientos post-universitarios realizando estudios especializados en un método clínico llamado Psicoterapia Caracteroanalítica en la Escuela de Terapia Reichiana (Es.Te.R): especialidad Psicoterapia Breve Caracteroanalítica (PBC). Sistemática clínica de elaborada por Xavier Serrano, (director y cofundador de la Es.Te.R, psicológo, terapeuta y trainer clínico), en colaboración con otros colegas.
La PBC:
- Se encuandra dentro de las llamadas psicoterapias corporalesSe utilizan técnicas psicocorporales (respiratorias y neuromusculares) junto con las dinámicas analíticas clásicas: relación terapéutica, verbalización, libre asociación, etc.
- El focus de trabajo, será el rasgo de carácter mermado por factores de distrés, que desequilibra la estructura defensiva de la persona, provocando sufrimiento y sintomatología.
- Tiene muchos puntos comunes con otras psicoterapias breves; en particular con el modelo de orientación psicoanalítica y con el sistémico, en cuanto que también se aplica en el abordaje de conflictos de pareja y de familia, además del individual

Saludos
Laura Chisvert