RIESGOS DE LAS ESTRUCTURAS DE PAREJA
Podríamos hablar de un tipo de pareja con un funcionamiento expansivo, es decir, dos personas con una confluencia y una relación amorosa, independencia y realidad propias, que participan, comunican al otro las relaciones individuales, que crecen juntos, y al mismo tiempo tienen proyectos comunes en los que participan abiertamente respetando las diferencias, con deseo sexual, comunicación, manejo de pulsiones basados en el respeto y la tolerancia, es decir, la suma de los elementos positivos de las tres parejas que acabamos de describir. Hacia la salud se tiende conociendo la patología, los límites, y aceptando la realidad, porque hay que partir de lo que hay, sin pretender partir de un ideal, lo cual es muy peligroso. Trabajamos en la prevención de los sistemas familiares para que los hijos, que son los que primero están en la periferia, tengan una atención suficiente, afectos y emocionalidad adecuados, porque así el día de mañana, cuando estén en el núcleo actuarán de una forma más abierta y amorosa.
Simbiótica
Junto a la aparente ventaja que tiene la situación simbiótica fagocitante, en la que hay una sensación de gran contacto y comunicación, y donde el uno es para el otro total, el gran riesgo que se produce es que esa simbiosis esté basada en el dominio. Es la relación de tipo sadomasoquista que se da en algunas parejas en las que se llegan a producir los malos tratos, la violencia doméstica, la sensación de completa nulidad de uno de los dos miembros. La relación amorosa se convierte en una relación de poder donde, sobretodo la mujer, vive un nivel de sufrimiento, soledad y dependencia, sometida por el hombre, y sin embargo constantemente lo justifica y mantiene la estabilidad de esa situación. Es decir, se hace cómplice porque es mayor la necesidad que tiene de su contacto y de la permanencia con él, que todo el daño que sufre. Son personas que han perdido, o les han secuestrado el alma, porque participan ocultando la realidad de esta violencia.
Generalmente uno de los dos, que suele ser el hombre, niega que haya un conflicto y piensa que todo se debe al estrés, al trabajo, o a la presión, y además tiene el arte de convencer y, automáticamente, de calmar la ansiedad apaciguando la sensación de cuestionamiento que temporalmente esa mujer se plantea. Por eso es tan difícil que ella salga de ese secuestro, porque se crea el síndrome de Estocolmo, es decir, participa, avala y defiende al secuestrador, se hace cómplice de él porque ha creado una situación simbiótica, ha perdido su identidad y la ha transformado en identidad de
Recordemos que en la pareja se reproducen roles, dinámicas pulsionales, de comunicación, que están condicionadas por el sistema familiar vivido con antelación, incluso, no ya solo por el sistema familiar, sino por algo más irracional, inconsciente arcaico que son los condicionantes vinculados al primer sistema de pareja: la diada con la madre, pareja funcional simbiótica muy fuerte. Lo acontecido con esta relación influye en el sentir después a las parejas posteriores; de hecho, podemos partir de la base de que precisamente las parejas simbióticas no perciben al otro o la otra como alguien real, sino que viven la imagen idealizada de
Nuclear
La relación de convivencia se convierte en una relación de intercambio de intereses, se rutiniza la vida, los años van pasando alrededor de alguien a quien no deja y tampoco crea otro sistema por intereses vinculados a ideologías, economías, pulsiones. A veces son pactos verbalizados, no necesariamente es una dinámica hipócrita o cínica. Hay pulsiones muy particulares que les mantienen pero donde no hay contacto, comunicación ni proyecto; hay soledad, rutina, monotonía y vacío compartido que es lo que caracteriza a este tipo de pareja. Otro riesgo es que va creando existencialmente una sensación de descenso fuerte de autoestima y va corroyendo la identidad individual; aparte de eso, pasan los años y esos intereses que estaban manteniendo la dinámica del sistema empiezan a no ser tan palpables ni tan necesarios, o empiezan a ser más necesarios otros porque la edad también modifica la percepción y va creando cambios existenciales, por lo que las necesidades van cambiando.
Llegan a la consulta con la sensación de no saber qué pasa, no estar a gusto, pelear mucho, no estar juntos, discursos que constantemente estamos escuchando; sin embargo, cuando entran en contacto con la realidad del tiempo se dan cuenta que el conflicto viene de veinte o quince años atrás y que ya no tienen las posibilidades que hubieran tenido de crear un nuevo sistema; el pánico consigue que vuelvan a cerrarse y a seguir su vida intentando que no pase nada, es decir, no solo no quieren plantearse el cambio, sino que ni siquiera aceptan que se les nombre el fantasma de
A pesar de todo, los miembros de la pareja nuclear permanecen, y cada vez es más difícil plantearse la crisis y el contacto con
Adaptativa
El riesgo de la pareja adaptativa es que continuamente está en conflicto, porque tiene un nivel de comunicación en el que hay pulsiones, deseo, tareas compartidas y proyectos. En mayor o menor medida están todos los elementos que conforman una pareja y hay también una relación amorosa, pero hay estructuras con caracteres diferentes donde se proyectan automáticamente las patologías, las neurosis y cada uno tiene su propia coraza, su propia estructura y su propio fuero interno, consecuente a su vez con la historia vivida que cada cual ha ido integrando.
Los sistemas sociales suelen ser “espacios basura” y los “basureros principales” son los sistemas donde la posibilidad de castigo ante el conflicto, de punición o consecuencias graves ante la expresión o ante la descarga es menor. Por ejemplo, el trabajo puede ser un basurero clandestino en el que se descargan indirectamente las pulsiones y el sistema familiar es, generalmente, el que recoge el monto de basura que las personas no pueden descargar completamente allí. La descarga entonces se da mediante el conflicto y la sexualidad y así se va manteniendo el sistema. Son parejas que conviven en ese ambiente porque tienen un carácter que les lleva a tener una mayor expresión, a no conformarse con la sensación de vacío, no pueden acostumbrarse a no mantener comunicación, pero no saben tampoco cómo hacer para manejar esto porque va más allá de ellos y por mucho que se den cuenta, no pueden hacerlo. Entonces van cerrándose y creando una dinámica de incomunicación, se van aislando, dejando de participar y va dejando de haber una expresión del mundo interno de cada uno. Esa emergencia de pulsiones puede ir a más, sobretodo mediante la agresividad, aumentando también la posibilidad de salgan fuera, hacia los hijos, los conflictos con los amigos, con el trabajo, etc. Puede haber también una dispersión del deseo que empieza a difuminarse, con lo cual la insatisfacción y la agresividad aumentan y, por tanto, la crisis y el conflicto también, vinculados a veces a la incompatibilidad de proyectos: están juntos y sienten que no hay una continuidad, sino incompatibilidad de proyectos, y eso repercute en todo lo demás.
Si estas parejas acuden a un espacio terapéutico, tienen un pronóstico más interesante que las otras. El problema es que piensan que solos pueden resolver este tipo de problemas, pero lo cierto es que cuando un sistema entra en crisis y ésta es progresiva y permanente, es común que aparezcan más defensas. Las personas se apoyan en el narcisismo y piensan que lo que dicen, piensan y ven es lo adecuado porque la autoestima o el yo está por encima del yo del otro. Entonces es cuando tiene sentido que haya un tercero(a), que puede estar en el espacio de asistencia en los conflictos de pareja, en la terapia de pareja, en la psicoterapia, etc.
Si no pasa mucho tiempo, la conciencia de la crisis puede ser interesante porque facilita la conciencia de aquellos aspectos que no tienen que ver con la realidad presente de su convivencia, ni con la realidad de las particularidades de cada uno sino que son características que confluyen en ellos, condicionantes con un cierto predominio de las historias pasadas, vividas en sus familias históricas, como ya he descrito en la pareja simbiótica.
Entonces, a la canalización de pulsiones y frustraciones de lo cotidiano se suma el estrés consecuencia del elemento inconsciente histórico, que se descarga sobre la persona con la que se vive y se desplaza a ella. La pareja pasa a ser la figura donde se reproducen muchos de los aspectos de los roles históricos, familiares, y como consecuencia de esto, pasan cosas que no entendemos si no es desde la óptica de lo inconsciente, que solo podemos ver en un espacio donde se maneje esa dinámica, donde se traduzca ese lenguaje del inconsciente que es el espacio terapéutico. Si conseguimos entender cuáles son los elementos que confluyen en la cotidianidad de la pareja y que no forman parte de lo actual, a través de la asistencia a la pareja, muchas veces las dos personas empiezan a entenderse mejor porque conocen más de su inconsciente y lo interesante es que se empiezan a conocer más el uno al otro, tanto en lo cotidiano, como en aquellos aspectos que ni siquiera ellos mismos conocían, pero que al otro no le son del todo ajenos, porque, sabemos que es mucho más fácil ver la conducta y el conflicto del otro que verse a uno mismo. Precisamente el espejo es el espacio terapéutico, y empiezan a darse cuenta de que hay ciertas dinámicas que afectan la pareja y que provocan esos tipos de conflictos y de crisis.
En algunos casos, aún cuando se haya perdido el deseo, puede seguir habiendo bienestar, comunicación, complicidad, desarrollo y crecimiento común, y es ahí cuando se plantea si ese deseo perdido se debe a algún aspecto que no se controla. De hecho, muchas veces la pareja recupera el deseo perdido, porque puede tener que ver con un problema de comunicación o de evitación de pulsiones, que la pareja se ha ido inhibiendo y reprimiendo.
La separación es el último recurso, aunque afortunadamente tenemos siempre la posibilidad de morir. Antes de eso se intenta permanecer, no por masoquismo sino porque puede ser parte del proceso de crecimiento, pero lo que cuenta es la cotidianidad, y lo que está claro es que por el miedo a perder se muere, impidiendo y privando la posibilidad de que los dos encuentren un camino más satisfactorio. En última instancia puede ocurrir que esos conflictos que se ven más claros en el espacio terapéutico sean irresolubles, pues realmente hay una distancia, una diferencia, y una sensación de insatisfacción irreversible. En este caso se asume la temporalidad de la relación, una separación amical -en comparación con las separaciones tan destructivas, que a menudo se viven como un eje de descarga- con todas las consecuencias que pueda tener para los hijos y las hijas. Sea cual sea la consecuencia, al decidir enfrentar el conflicto, la crisis y la separación se pueden ver positivamente, como un proceso de crecimiento y desarrollo de la individualidad, y en algunos casos, como hemos visto, en el propio desarrollo del sistema. Entonces la terapia de familia y, en este caso de pareja, es también un espacio de prevención de las dinámicas de aquellos que más indefensos están, que son los hijos y las hijas, porque todo lo que pasa en el núcleo está repercutiendo en ellos. (X.Serrano)
Saludos
Laura Chisvert

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