martes, 16 de junio de 2009

"Trastornos sexuales": (Parte 4/4) Terapia de pareja

TRASTORNOS SEXUALES: EVALUACIÓN Y TRATAMIENTO

Una de las conclusiones a las que he llegado en la práctica clínica, es que solamente se puede hablar de trastorno sexual, con una definición y con una identidad clara del término, cuando hay una pareja con la que se está conviviendo y viviendo ese tipo de trastorno.

Trastornos sexuales no son trastornos genitales. Por ejemplo, en el caso de un hombre que no tiene erección cuando le gustaría, no podríamos hablar de un trastorno sexual, pues si fuera así significaría que está viviendo un trastorno en la sexualidad, que va mucho más allá de lo físico. Pero si hay una relación amorosa, en la que se siente bien, su pareja le afecta, hay convivencia, comunicación, deseo, proyectos, etc., y hay una incapacidad de erección al tener relaciones sexuales, evidentemente hay un trastorno de impotencia sexual. En una situación de dispareunia, cuando a la mujer le duele la vagina al tener relaciones sexuales, tendríamos que ver lo que está diciendo el cuerpo con este síntoma. A veces son conflictos de pareja, o síntomas que existían antes de vivir la relación, y que se van cronificando y manteniendo con la pareja actual. Por lo tanto, la evolución de ese conflicto va muy a la par con la resolución de conflictos de pareja.

Imaginemos la falta de deseo, lo que se conoce como falta de libido, tanto en el hombre como en la mujer. En los últimos tiempos es más frecuente la disminución del deseo en el hombre y parecen ser las mujeres las mas dispuestas; curiosamente, muchas parejas que vienen a sesión, lo hacen porque el hombre ha perdido el deseo. Hace 15 o 20 años venían hombres quejándose de que la mujer había perdido el deseo, ahora vienen diciendo que la mujer opina que tiene problemas. Desde la filosofía o la sociología podemos suponer que las dinámicas familiares y los roles han cambiado, y la mujer ha aumentado su identidad femenina y humana; tiene mayor capacidad de expresión y asentamiento de su realidad, agresividad, reivindicación. El hombre, por el contrario, está perdiendo su espacio con lo cual hay una cierta crisis de identidad masculina pues ya no sirve la dinámica machista, el poder se está cuestionando, afortunadamente y el hombre no tiene aún otro modelo de actuación; el miedo a la mujer se está evidenciando más, pues antes se ocultaba con el desprecio, que ya no sirve porque la mujer se defiende, aunque hay quienes continúan en la misma dinámica, por desgracia. El hombre tampoco quiere esa posición pero al no conocer otra, se defiende con un cierto replegamiento de afectos y se oculta, se bloquea, se cierra.

Lo que está claro es que la razón por lo que la persona consulta a un terapeuta viene de la dinámica de pareja y que el trastorno se puede evidenciar y solucionar mucho mejor allí. También es cierto que a veces se detecta un conflicto sexual individual vinculado a procesos propios, por ejemplo a la culpabilidad sexual, a un sadismo encubierto muy fuerte hacia el hombre o hacia la mujer, a una situación neuromuscular de bloqueo pélvico que impide una apertura, un vaginismo extremo en la mujer, o una eyaculación precoz en el hombre, que muchas veces tiene que ver con una contención del sadismo.

Por esto, generalmente los conflictos sexuales se resuelven trabajando a la par en terapia individual y en terapia de pareja, con terapeutas distintos. El terapeuta de pareja tiene una relación específica con su paciente, y hay otro terapeuta que observa la dinámica de pareja, trabajando así en equipo. Es el diagnóstico el que nos indica cuándo el conflicto sexual tiene que ver específicamente con una experiencia individual traumática, de abusos sexuales, infantiles, de una relación con la madre particular, de una represión sexual muy grande, etc., que solamente se puede resolver en terapia individual, o cuando se debe a un conflicto de pareja porque hay una rutinización, un camuflaje de pulsiones, en que se evita la sexualidad, porque si se viviera, se viviría también el afecto, la comunicación y aspectos que se quieren evitar, reprimiendo el deseo y apartándose.

La asistencia terapéutica, a partir del diagnóstico estructural, nos va a dar la pista de si estos trastornos tienen que tratarse individualmente, por ejemplo en Psicoterapia Breve, o si exige algo más, porque los trastornos sexuales a veces están hablando de conflictos de personalidad importantes, serios, que exigen tratamiento global, trascendiendo el síntoma, pues la sexualidad es muchas veces la consecuencia de problemáticas psicosomáticas específicas. Entonces, se irá definiendo la necesidad de un trabajo de pareja, o el trabajo compartido de terapia individual y de pareja.

(X.Serrano)


Un saludo

Laura Chisvert

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